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4 de agosto de 2014



Judíos de seis brazos
 Por Pilar Rahola


 Esto fué escrito ayer 29 de Julio de 2014, es un grupo de gente que fué a escucharla hablar sobre Oriente Medio, en un restaurant ...se los mando, por respeto a ésta mujer que a todo se atreve!!!!, vamos Pilar Rahola, contra el mundo, pero firme en sus convicciones!!!!....Negrita.
 

Lunes por la noche, en Barcelona.   En el restaurante, un centenar de
abogados y jueces.   Se han reunido para oír mis opiniones sobre el
conflicto de Oriente Medio.   Saben que soy un barco heterodoxo, en el
naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel.
Quieren escucharme.   Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se
arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los
culpables?   Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos
tenemos algún fragmento: "todos ustedes se creen expertos en política internacional cuando hablan de Israel.
¿Se atreverían a hablar del
conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?".   No.   Son
juristas: Pero con Israel se
atreven.   Se atreve todo el mundo.   ¿Por qué?   Porqué Israel está
bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina
los cerebros del mundo.   Y, porqué forma parte de lo políticamente
correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra
Israel.   Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están
dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la
Edad Media creían todo tipo de barbaridades.   Sobre los judíos de
antaño y los israelíes de hoy, todo vale.

La primera pregunta, pues, es porqué tanta gente inteligente, cuando
habla sobre Israel, se vuelve idiota.   El problema que tenemos
quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el
conflicto, existe la pancarta;  no nos cruzamos ideas, nos pegamos con
consignas;  no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de
hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo.
El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido
en Israel.   No existe.   Es por ello que cuando se intenta ir más
allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y
reaccionario, y es inmediatamente segregado.   ¿Por qué?

Hace años que intento responder a esta pregunta:   ¿Por qué
de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste?    ¿Por qué se
criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia?   ¿Por
qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta
facilidad?   ¿Por qué todo, es reducido a una simple masa de
imperialistas asesinos?   ¿Por qué las razones de Israel nunca
existen?   ¿Por qué nunca existen culpas palestinas?   En definitiva,
 ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al
que nadie considera víctima?

No creo que exista una única respuesta a estas preguntas.   Al igual
que es imposible explicar completamente la maldad histórica del
antisemitismo, tampoco resulta posible explicar el actual
antiisraelismo.   Ambas beben de las fuentes de la intolerancia,
la mentira y el prejuicio.   Si, además, aceptamos que el
antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han
cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más
profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del
antisemitismo político moderno .   Y esos mitos han desembocado en el
relato sobre Israel.   Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños
cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío
israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras.
Siempre son niños inocentes y judíos oscuros.   Por ejemplo, los
banqueros judíos que querían dominar el mudo a través de la banca
europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la
idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la
Casa Blanca.   El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la
conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico
contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes.   En el
subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un
eficaz caldo de cultivo.   Pero  ¿Por
qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora
centrada, no en el pueblo judío, sino en el estado judío?   Desde mi
punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre
otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses
árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de
Occidente y el creciente fenómeno islámico.

Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como
sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético.

Derrota moral de la izquierda.  
 Hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias,
se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la
destrucción de derechos fundamentales.   Odia a los rabinos, pero se
enamora de los imanes;  grita contra el ejército israelí,
pero aplaude a los terroristas de Hamás;  llora por las víctimas
palestinas, pero desprecia a las víctimas judías;  y cuando se
conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los
israelíes.   Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación
para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres.     Hace un
año hice las siguientes preguntas:   "¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su
compromiso moral?   ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en
Barcelona en contra de las dictaduras islámicas?  ¿Por qué no hay
manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres
musulmanas?   ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños
bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? ...   Porqué
la izquierda   ya no tiene ideas, sino consignas.
Ya no defiende derechos, sino prejuicios.   Y el mayor prejuicio de
todos es el que tiene contra Israel.   Acuso, pues, de forma clara:
la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de
antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la
libertad, la solidaridad y el progreso.   Lejos de ello, defienden a
déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías
medievales que quieren destruir la civilización.

Derrota del periodismo.   Tenemos un mundo más informado que nunca,
pero no tenemos un mundo mejor informado. no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos.
Los periodistas actuales no necesitan mapas, porqué tienen Google
Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia.   Los
históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún
existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este
periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores
que desean información fast-food. Israel es el lugar del mundo más
vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido.   Por
supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del
petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda.
Cualquier mass-media sabe que si habla contra Israel, no tendrá
problemas.   Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico?   Sin
duda, entonces, se complicará la vida.    No nos confundamos.   Parte
de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una
aguda frase de Goethe: "nadie es más esclavo que el que se tiene por
libre, sin serlo".
Derrota de la ONU.   Y con ella, una rotunda derrota de los organismos
internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han
convertido en muñecos rotos en manos de déspotas.   La ONU solo sirve
para que islamofascistas como Ahmadineyad, tengan un altavoz
planetario desde donde escupir su odio.   Y, por supuesto, para atacar
sistemáticamente a Israel.   También contra Israel, la ONU vive mejor.

Finalmente, derrota del Islam.   El Islam de las luces sufre hoy el
violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su
desarrollo ético.   Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar
los horrores más inimaginables:  lapidar mujeres, esclavizarlas, usar
embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas,
adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad.   No
olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite
conectados...  con la Edad Media...

El nazismo destruyó a
Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam.   Y
también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN
antisemita.   Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno
intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de
1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.


Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los
pueblos.   Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha
vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo.   ¿Toda la crítica
contra Israel es antisemita?   No.   Pero, todo el antisemitismo
actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el
Estado judío.   Un nuevo vestido para un viejo odio.
  Dijo Albert Einstein: "la vida es muy peligrosa.  No por las
personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que
pasa".    Este es el doble compromiso aquí y hoy:  no sentarse nunca a
ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad.

Gracias.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
שגיאה! ל
 

 
 
 


 
 
 
 


 

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