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16 de junio de 2013

EL JUDIO DE MIERDA ...Un excelente monologo corto ( Ver link)




por Alejandro Goldstein
CIUDAD DE PANAMÁ



Mis hermanos y yo crecimos en un barrio que carecía de judíos y
convivimos desde muy temprana edad con el estigma de ser "los judíos
del barrio". 
Tanto ellos como yo vivimos varios  momentos de tensión a
causa de nuestro origen y de nuestra fe. En cierta ocasión, un joven
vecino enfervorizado comenzó a golpear la puerta de mi casa con un
objeto contundente porque yo lo había abofeteado para salir en defensa
de mi hermano menor. Su rostro experimentaba un color carmín debido a
su sed de venganza mientras se desgañitaba: "sal, judío".

Pero la indignación por antonomasia era propiedad de mi señora madre,
Frusa (¡La Baba Sonia la mató con el nombre!, pero por lo menos
ostenta ese raro privilegio de tener la exclusividad de llevar ese
apelativo "pintoresco"). A mamá había una situación que le crispaba
los nervios que trataré de resumir en dos frases: "tú no pareces
judía" y "tú eres una judía buena". La rápida conclusión que yo saco
es que si ella es buena, todos los demás somos una mierda.
Pese a ser una de las frases más repetidas a través de la historia,
"judío de mierda" está mal aplicada porque la gente que le dice a un
judío esa tan mentada forma de ofender, no lo hace respecto de su
judeidad, sino a los valores que el agresor considera que ese judío
carece para hacer de él una persona de bien. No es lo mismo decirle a
una persona "eres una mierda" que decirle "eres un judío de mierda".
Utilizando el último de estos dos improperios, se llega a una ofensa
globalizada, que abarca mucho más y trata de echarle sal a la herida.

Los judíos tuvimos que salir con lo puesto de Europa porque corríamos
riesgo de vida. De esa manera nací yo. Un judío de madre uruguaya,
padre español y abuelos de Rusia, Polonia y Alemania. Si mis abuelos
no se hubiesen sentido amenazados, mis padres no se hubiesen conocido
en América y yo no hubiese nacido. Es fácil de entender por los
judíos, pero a los gentiles -legos en la materia- les cuesta entender
esa vida de trotamundos que llevamos, siempre a los sobresaltos y
revolcones. Un ciudadano estadounidense, negro como una pantera, en
forma tragicómica definió mis orígenes- indefinibles para su
cosmovisión-: "eres judío y sudamericano, te falta ser negro y tienes
todas las pestes..." Como fue dicho de buen talante, todos los
participantes en la escena nos desternillamos de la risa.

Yo considero que un judío, armenio, musulmán, o ciudadano de la etnia
racial que fuere es una mierda cuando atenta contra su gente. Los
judíos estamos vistos desde fuera como un pueblo solidario, en donde
nos hacemos responsable por la suerte de nuestros paisanos: "Kol
Israel arevim ze la ze". Como pasa en todas las comunidades del mundo,
esto es así, pero siempre hay "honrosas" excepciones.

Tarde reaccionó la judería europea cuando los alemanes en un santiamén
los despojaron de su autoestima, bienestar y salud. En pocos años
fueron avasallados con las Leyes de Nuremberg, la Kristallnacht, los
ghettos y por último los campos de exterminio. Cuando la "Solución
Final" se encontró, confinaron a mi pueblo en barrios en donde
convivieron hacinados con piojos, ratas, hambre y falta de esperanza.
En esos ghettos, los alemanes -para no ensuciarse sus blancas y
caucásicas manos- buscaron colaboración con algunos judíos para que
les organizaran el ghetto y cumplieran a rajatabla los mandatos de la
dirigencia nazi. De esa manera mantuvieron el orden, inventariaron los
bienes de los judíos, perseguieron a aquellos que intentaron evadirse
y seleccionaron quién y cuándo debía morir en las cámaras de gas. Ese
"judenrat" fue implacable con su pueblo, pero mientras lo aterrorizaba
se veía beneficiado por placeres efímeros, una especie de hueso que el
amo alemán le tiraba a los perros judíos obsecuentes. Pero
inexorablemente fueron los que a la hora de apagar la luz, tuvieron el
último privilegio de bajar los interruptores, para emprender el último
viaje en en tren para morir en las mismas cámaras de gas como aquellos
hermanos que ellos mismos habían enviado anteriormente. Esos fueron
unos verdaderos judíos de mierda.
,
Otros son los Naturei Karta. Estos judíos fanáticos tienen como
postulado que no puede haber un Estado Judío hasta que no llegue el
Mesías. Combaten a ultranza el sionismo y hacen ingentes esfuerzos
para que el Estado de Israel desaparezca. Con solo ver las fotos que
se sacan -con total desparpajo, sin ningún atisbo de arrepentimiento y
en un cúmulo de sonrisas- con estadistas que lo único que hacen es
pregonar la desaparición del Estado de Israel, dan ganas de vomitar.
Estos también son unos judíos de mierda.

El tercero es Hector Timerman, Canciller de la República Argentina,
que le da la espalda a su pueblo y se sienta a negociar con gente que
dice que el Holocausto no existió y que también clama a viva voz por
la desaparición del Estado de Israel. Ese acto perverso e indigno que
atenta contra las víctimas de la Amia y el Holocausto para servirle a
una presidente identificada con el siniestro personaje que albergó a
los nazis y les impidió la entrada a los judíos, me llena de
vergüenza, así como a toda la judería mundial.

Siempre escucho casos de "pintele yid", es decir esa chispa judía que
aflora en algún momento de la vida, casi siempre en situaciones
dramáticas, cuando una persona en el ocaso de su vida recuerda que
pese a no haber prácticado la religión, reconoce su pertenencia al
pueblo judío. Cuando Timerman supo que tenía que debía sentarse a
conversar con aquellos que niegan el sufrimiento de sus padres, sus
abuelos, sus amigos, sus compañeros de colegio y su pueblo todo, debió
haber dado un paso al costado. Todos lo hubiésemos aplaudido y hasta
el antisemita pueblo argentino lo hubiese entendido. Pero optó por el
otro camino, el de la ofensa a su propio pueblo, el de la
confrontación dialéctica con el Estado de Israel. La manzana no cae
lejos del árbol y esa soberbia y descaro ya lo vimos con su padre
Jacobo, el cual rescatado por Israel, después no hizo otra cosa que
difamarlo a diestra y siniestra, cumpliendo con aquel enunciado que el
humano es el único animal que le muerde la mano de quien le da de
comer.

En resumidas cuentas, Hector Timerman, eres un verdadero miserable y
un auténtico judío de mierda, como los son los seguidores de Naturei
karta y como lo fueron las lacras que dirigieron los Judenrat. La
historia será implacable contigo, pero también me hace recordar que
todavía tienes una esperanza, a traves de un añejo afiche que colgaba
en la Agencia judía para aquellos judíos que querían emigrar a Israel.
A pesar de que "no te prometemos un jardín de rosas, tienes un lugar
en Israel", para cuando te saquen a patadas en el culo de ese país que
no hizo otra cosa que maltratar desde siempre a tus hermanos judíos.

http://www.youtube.com/embed/nr1Fodw1UZQ?rel=0


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