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9 de junio de 2013

Elecciones en Irán: apatía y lucha de poder

La sucesión de Ahmadinejad / Votan el viernes

Los iraníes elegirán entre candidatos que poco se diferencian entre sí y están alineados con el ultraconservador ayatollah Khamenei, hoy enfrentado con el presidente, al que considera "desviacionista"

Por  y   | Agencia AP
TEHERÁN- En las miserables calles del sur de Teherán, un grupo de voluntarios paramilitares consideran que el mejor defensor del sistema islámico sería el candidato presidencial de línea dura Saeed Jalili, jefe de los negociadores nucleares de Irán.
En el otro extremo de la pirámide de Teherán, desde su departamento con pisos de mármol, un profesor universitario tiene pensado boicotear las elecciones del próximo viernes porque rechaza a todos los candidatos a los que se les permitió competir.
Una confusa mezcla de opiniones políticas cambiantes, apatía e indecisión recorre toda la ciudad. Todo ello deja entrever que la contienda para reemplazar al presidente Mahmoud Ahmadinejad podría ser reñida y compleja, más allá del tamaño de los actos de campaña o la profundidad del vínculo de la sociedad con esta teocracia todopoderosa, dos marcas distintivas de la apuesta electoral de Jalili, que lo convirtieron en un supuesto favorito.
Muy por el contrario, los rivales de Jalili, entre ellos, el alcalde de Teherán, Mohammed Bagher Qalibaf, y el predecesor de Jalili en las negociaciones nucleares, Hasan Rowhani, son cada vez más mencionados por los votantes que quieren menos diatribas antioccidentales y más atención a los acuciantes problemas económicos de Irán y a la impasse nuclear con Occidente.
Muchos también expresan su decepción por la inhabilitación electoral del ex presidente de centro Akbar Hashemi Rafsanjani, que terminó con las esperanzas de cambio de los grupos reformistas. La junta electoral vetó su postulación, así como la de Esfandiar Rahim Mashaei, protegido de Ahmadinejad.
Desde hace cuatro años, tras la caótica reelección de Ahmadinejad y la consiguiente represión de los grupos opositores, el establishment islámico y sus custodios, encabezados por la Guardia Revolucionaria, mantienen un férreo control de la república islámica. Todas las decisiones clave siguen pasando por sus manos, incluyendo la dirección del programa nuclear y el nivel de apoyo a sus aliados regionales, como la Siria de Bashar al-Assad.
Esta elección, sin embargo, no deja de ser importante, como una manera de medir las prioridades de un país cada vez más acuciado por una economía claudicante y mal manejada y por las sanciones internacionales por el programa nuclear.
Desde los barrios más abandonados de Teherán hasta los edificios de estilo occidental con portero y seguridad, la charla sobre las elecciones suele girar en torno a la economía, el alza de los precios y el aislamiento internacional.
La atención que concita la crisis económica podría impulsar a candidatos vistos como buenos administradores fiscales, como Qalibaf. La frustración que genera la confrontación de Irán con Occidente, por su parte, podría favorecer a candidatos como Rowhani, o el ex vicepresidente Mohammed Reza Aref, a quienes se cree más capaces de alentar posiciones moderadas entre los clérigos que gobiernan el país.

Boicot

Mientras tanto, un abanico muy diverso de iraníes, que comprende desde activistas liberales hasta un profesor de psicología de 63 años como Yahya Seyyedi, planean boicotear las elecciones. Sus argumentos combinan dos poderosas quejas: la incesante represión de incluso la más modesta disidencia política desde los disturbios de 2009, y el rechazo a la inhabilitación del moderado Rafsanjani. "Yo habría votado a Rafsanjani -dice Seyyedi desde el arbolado barrio de Farmaniaeh, en Teherán-. Los demás no tienen intenciones de sortear la actual crisis económica e internacional."
Como en Irán no existen encuestas preelectorales creíbles, no hay manera de saber con certeza quién va a la cabeza. El cuadro se vuelve aún más confuso por la ausencia del casi octogenario Rafsanjani, un espécimen político raro en Irán: es lo suficientemente poderoso y venerable como para plantarse ante los clérigos e influir en sus decisiones.
Los otros ocho candidatos tienen todos diversos grados de cercanía con la teocracia, y nadie espera que se opongan a la autoridad religiosa: fueron testigos de lo que le pasó a Ahmadinejad, que cuando los clérigos -que creen que él es poco apegado al islam- se volvieron en su contra, quedó políticamente maltrecho.
Jalili, ex profesor y diplomático, saltó a la palestra con actos de campaña de puños alzados que recordaron el ascenso de Ahmadinejad en 2005. Pero durante un debate de todos los candidatos, el viernes pasado, que se enfocó sobre todo en la forma de lidiar con los problemas económicos (una inflación anual de casi 30% y una moneda en caída libre) se lo vio desfasado de esa realidad.
En Irán, ocuparse de la economía nacional es una de las principales responsabilidades de la presidencia. Qalibaf, en especial, aprovechó el debate para mostrar sus credenciales como administrador presupuestario y sus proyectos para mejorar la calidad de vida. El gobierno de Qalibaf duplicó los espacios verdes de la superpoblada Teherán y mejoró el sistema de transporte y las autopistas.
"Siendo alcalde, Qalibaf demostró que puede hacer las cosas", dice Behruz Ahmadi, un taxista de clase media del sudeste de Teherán. "Los demás lo único que hacen es prometer, pero no tienen antecedentes."
De todos modos, es imposible separar la economía del debate sobre las sanciones, que se endurecerán según lo previsto a partir del 1° de julio, cuando Washington las aplique al comercio de tecnología energética y a la venta de oro.
Frente a la prestigiosa Universidad Industrial Amir Kabir, en Teherán, un grupo de nueve estudiantes se reúnen para tomar café y hablar de política. Sus opiniones encarnan perfectamente la sensación de que en estas elecciones no hay nada definido: tres de ellos piensan votar por Aref, cuatro están indecisos y dos adhieren al boicot.

Qué los enfrenta

Khamenei gana cada vez más poder

  • La disputa
    Ahmadinejad y Khamenei representan dos facciones, ambas conservadoras. El ala religiosa está encabezada por el líder supremo, mientras que el presidente y algunos sectores de la Guardia Revolucionaria lideran el ala político-paramilitar y ponen en duda la primacía religiosa del régimen en la conducción del país


  • De aliados a enemigos
    Khamenei apoyó al presidente cuando fue acusado de fraude en 2009, pero luego se distanciaron. Ahmadinejad desafió varias veces la autoridad de los clérigos, en una puja por el poder que recrudeció al vetar el régimen la candidatura de dos aliados del mandatario

Pilares del poder

Irán se rige por un régimen teocrático
  • Parlamento
    El Poder Legislativo es ejercido por la Asamblea Consultiva Islámica. La última elección fue en 2012 y ganaron los ultraconservadores, lo que acrecentó el poder del líder supremo


  • Consejo de guardianes
    Es la institución de mayor influencia en Irán. La integran doce miembros, la mitad designados por el líder supremo. Revisa que las leyes no contradigan el espíritu de la revolución islámica


  • Guardia revolucionaria
    Es un cuerpo armado que se encarga de mantener la seguridad interna y de preservar la revolución. Está dividido


  • Ali Khamenei / líder supremo
    Es la máxima autoridad política y religiosa y controla las fuerzas armadas. Ex presidente, asumió como líder supremo en 1989 y desde entonces su influencia creció

Sus candidatos
  • Saeed Jalili / negociador nuclear
    Es el favorito del régimen y el más ortodoxo


  • Mohammed Baqer Qalibaf / alcalde de Teherán
    Cuenta con apoyo popular por su fama de buen administrador


  • Ahmadinejad / presidente
    Es el jefe del Poder Ejecutivo. Asumió en 2005, fue reelecto en 2009 y no puede postularse porque la Constitución prohíbe un tercer mandato

Agencia AP
Traducción de Jaime Arrambide.
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