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9 de julio de 2013

9/7/2013 Imponer normas religiosas a ciudadanos no religiosos La Suprema Corte de Israel ordenó a la Municipalidad de Tel Aviv que ”prohíba” a los comercios abrir los sábados. Por Bernardo Ptasevich.


Quien tiene la máxima responsabilidad de impartir justicia no debería actuar en este asunto ni en este sentido.

La máxima autoridad judicial no es una dependencia religiosa y su justicia debe ser igual para todos los habitantes del país. Prohibido prohibir.

Respetar y recibir respeto

Israel es y será el país de los judíos pero viven en él muchos judíos no ortodoxos y también muchas personas que no son judías, a las que por un motivo u otro se les permitió llegar a esta tierra y tener sus documentos con los derechos correspondientes.

De ninguna forma estos ciudadanos tienen permitido molestar o faltar el respeto a quienes eligieron y profesan la religión en todos sus términos.

En el país de los judíos nadie va a mirar con malos ojos ni juzgar a quienes eligen ese camino, y si la justicia exige normas al respecto sería totalmente correcto. Ningún ciudadano no judío o judío secular puede obligar a un ortodoxo a aceptar sus normas para vivir como él lo hace.

De la misma forma no es aceptable que se exija a quienes no son religiosos vivir como tales. Una democracia requiere respeto mutuo y si no somos capaces de ello es que queremos una democracia maquillada a nuestra conveniencia.

Si usamos la ley sólo para lo que nos conviene o la respetamos sólo cuando favorece nuestros intereses, se desvirtúa el derecho de igualdad ante ella y también le quitamos la justicia que debe impartir con su norma.

Abrir un negocio en shabat o comprar en shabat

Es una falta para un religioso trabajar en shabat, abrir un negocio en shabat, o comprar productos y servicios en shabat. Nadie le puede obligar a hacer lo contrario de las normas religiosas que aceptó para su vida.

Sin embargo un negocio no religioso o que no emplea en estos días personal religioso, no está ofendiendo a nadie sólo por abrir sus puertas. Hay en el país siete millones y medio de ciudadanos y sólo menos del 10% son religiosos ortodoxos.

Otro importante porcentaje también respeta las normas del shabat. Sin embargo, millones de personas que no viven bajo ellas se ven obligadas a prescindir de servicios y otras posibilidades debido al dominio religioso sobre las normas generales del país. Un supermercado que abre en shabat no le falta el respeto a la comunidad religiosa.

No he visto en ellos religiosos comprando en esos días, en realidad no compran en esos establecimientos ningún día ya que no son negocios kasher. Por lo tanto no hay posibilidad de ofenderlos con esa apertura.

¿Cuál es la obsesión de prohibir a otras personas vivir como han elegido? Esas personas no van a convertirse en ortodoxos porque los quieren obligar a vivir como tales. Sólo se está creando un conflicto que trae problemas de convivencia y afecta la tolerancia mutua.

Yesh Atid y Naftali Bennett quieren una ley que confirme lo que existe

Un proyecto anda sobrevolando la Knéset tratando de plasmar en una ley lo que ya funciona sin ella. Todas las normas, incluso las que emiten los documentos de identidad, ponen sobre la mesa la realidad de que Israel es un país judío.

Salvo que quieran en su ley decir que Israel es un país judío ortodoxo y con ella obligar a todos los ciudadanos a cumplir con sus reglas, no hay nada nuevo en una ley de esta naturaleza. Aunque todo tiene que ver con todo y nada se hace inocentemente ni sin motivo, hay que ver cuál es en la cabeza de los legisladores que la promueven el cambio y la ventaja de poner una realidad existente en una nueva ley.

Desde los legisladores que están allí porque la población creyó en su proclama de una apertura en este sentido, emergen estas iniciativas destinadas a acotar los derechos de las personas. En caso de que algún ciudadano ponga en peligro con sus actos la posibilidad de vivir bajo costumbres y normas judías no hay duda de que la justicia debe actuar rápidamente. Tal es el caso de un legislador que pregona en el mismo recinto que debe producirse una Intifada.

No hay ni debe haber judíos de primera o segunda categoría
No hay una sola y única manera de ser judío. Quienes nacimos en hogares judíos y respetamos las tradiciones pero no somos observantes religiosos no somos menos judíos que un ortodoxo.

Sabemos que para muchos de ellos si lo somos. Sin embargo no debemos serlo ante la ley ni debemos atender ninguna norma por imposición. Quienes vivimos bajo las tradiciones judías de nuestra familia estamos muchísimas veces al año bajo el mismo techo y en las mismas sinagogas que los judíos ortodoxos compartiendo las mismas oraciones y los mismos sueños.

Lo hacemos porque lo sentimos, y nadie más que nosotros podemos comprender y acompañar a quien ha decidido hacer con su familia una vida religiosa en todos sus términos. Tenemos un gran respeto por ello. Cuando ese respeto no es mutuo es lógico que nos enojemos o nos defendamos. Debo decir que muchísimos judíos ortodoxos entienden perfectamente esta situación.

Repitiendo frases de notas anteriores que he publicado, ”nadie elige dónde nacer, ni en qué familia criarse, ni bajo qué educación crecer” Cada uno vivió en el ámbito que le ha tocado y así ha forjado su vida y sus costumbres, sus creencias, su fe y su forma de vida. Nadie es mejor ni peor por ello. No es un delito creer, no es un delito practicar la religión con todas las letras, y tampoco no practicarla de la misma forma.

Los derechos no pueden estar por debajo de las normas religiosas

Siete millones y medio de habitantes que tiene Israel tienen derecho a vivir libremente sin afectar la vida de los demás con sus acciones, eligiendo sobre la educación de su familia y sobre todos los órdenes.

En la medida de que no se comprometa la seguridad del país, que no se cambie el motivo de su creación, que no afecte la libertad de los judíos religiosos a vivir como tales y poder hacerlo como en ninguna otra parte del mundo sin ser señalados, nadie puede interferir en esas decisiones. La ley en un país democrático debe estar por encima de cualquier sector de cualquiera de los ciudadanos.

No hay una ley que se acomode a la conveniencia de tal o cual sector. La ley debe ser justa y única, igual para todos. Los ciudadanos por su parte deben ser honestos, respetuosos, tolerantes y defender a su país bajo cualquier circunstancia. Elegir tener un país democrático no es fácil pero es el mejor camino, el que estamos recorriendo y en el que aún hay mucho que aprender.   
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